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Berlín, ciudad tomada

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Muchas historias acerca de las casas tomadas circulan entre los viajeros que regresan de Europa. Muchas películas retoman el tema, alimentando los mitos, multiplicándolos. En Berlín se las pueden visitar para contrastar las versiones ajenas y delinear las propias.

Hay muchos itinerarios para recorrer Berlín. Uno de ellos, para nada despreciable, consiste en relevar los distintos monumentos e instituciones que abren una puerta a la historia alemana y europea. Otra posibilidad es irse „de bares“ aprovechando la gran variedad, característica de la ciudad. Hay otros caminos que no aparecen tan nítidos ante una mirada turística y que son igualmente transitables. Uno de los más interesantes reside en las propuestas culturales de las casas tomadas.

Berlín es una ciudad muy particular porque, si bien viven ahí casi cuatro millones de habitantes, tiene casas completamente vacías. Hay que aclarar que cuando uno habla de una casa en esa ciudad, se refiere en verdad a pequeños edificios de cuatro o cinco pisos, con tres o cuatro departamentos por piso. De esta manera, el concepto de „casa tomada“ se vuelve mucho más interesante.

Hay una organización anarquista europea, que en Alemania se llama „Antifa“ (antifascistas), que, entre otras actividades, organiza las tomas de algunas casas abandonadas. La tarea se desarrolla así: una vez que está identificado el lugar, esta organización convoca para la toma a un „target“ específico de gente, que puede ser, por ejemplo, artistas, militantes que participan en determinadas actividades, músicos, etc. De esta manera se van perfilando desde el comienzo las actividades que esa casa va a desarrollar con relación a otras casas, con las que conforman una especie de red. Las tomas, por lo general, son pacíficas y el estado de ilegalidad de los ocupantes dura sólo un tiempo. El Estado alemán en lugar de promover el desalojo por la fuerza, abre una negociación cuyo resultado es un convenio por el cual los ocupantes se convierten en propietarios mediante el pago de cuotas muy bajas y el cumplimiento de ciertas condiciones, entre ellas, el arreglo de la casa conforme a una estética determinada.

La tarea siguiente consiste en la reparación de la casa que, la mayoría de las veces, se encuentra en muy mal estado. Este es el punto en el que el sistema se vuelve más interesante. Los materiales se compran con un fondo común y entonces comienza el trabajo de obra. Todos aquellos que quieran convertirse en propietarios de una parte de la casa, además de ocuparse de la cuota económica que les corresponde, deben aportar también su parte de trabajo físico. De esta manera, a cada trabajador le corresponderán tantos metros cuadrados según la cantidad de horas que haya invertido en el arreglo de la vivienda.

Más allá de la uniformidad de la organización, cada casa tiene un perfil diferente y un nombre que la identifica. Algunas de ellas se mantienen dentro de un anarquismo más radical, no aceptan el ofrecimiento del Estado y delimitan su territorio con barreras que consisten en consignas políticas, una estética arquitectónica contestataria y una actitud firme frente a las fuerzas de seguridad. Este es el caso de Köpi. Otras, simplemente eligen un diseño imponente para su fachada, que indique que en esa casa viven anarquistas. Esto es así, por ejemplo, en el Bandito Rosso. Otras cumplen con la legalidad y uno puede pasar delante de ellas sin notar que esa casa fue tomada alguna vez. Algo así ocurre con la Freude Haus.

Una vez cumplida esta etapa, la casa pasa a formar parte de una red de actividades culturales que propicia la circulación del público de casa en casa todos los días de la semana.

BANDITO ROSSO, UN ANARQUISTA DE CEMENTO

Además de haber sido un anarquista italiano, Bandito Rosso es el nombre que lleva el bar que está en la planta baja del número 10ª de Lottumstraße, en el barrio berlinés de Prenzlauer Berg.

Como ocurre con la mayoría de estos lugares, hay que saber de antemano que existe un bar ahí adentro para poder encontrarlo. Sólo traspasando la puerta central del edificio uno se encuentra con el cartel amarillo que reza en letras negras el nombre de su héroe. La sala central es un lugar deliberadamente despojado, con no más de siete u ocho mesas, todas de diferente tamaño y estilo. Hay una sala contigua que es el lugar de encuentro para los jugadores de „Fußballtisch“, más conocido como metegol, que es un sitio de concurrencia más selecta. La administración del bar es propiedad comunal del edificio y por tanto, cada día de la semana se ven caras diferentes detrás de la barra. De esas caras depende la propuesta del día y, generalmente, también la concurrencia.

Esta es, de las casas tomadas, la más explícitamente politizada. Esto se puede ver en los periódicos que circulan allí, como el „So oder So“ („Así o así“) y la „Antifaschiste Blatt“ („Página antifascista“) y también, por ejemplo, en los ciclos de cine ruso -en ruso y sin subtítulos- que tematizan, de una manera nada diestra, los vaivenes del régimen caído y del que aún está en pie.

Los miércoles de cine el público se vuelve más elitista por la propuesta misma. A los concurrentes se les pueden leer los resabios del comunismo en los ojos. Los viernes de olla popular (BeVöKü), a los comensales se les notan los estragos del capitalismo en la aspereza de las manos. Los martes de ThekendienstAG a los adolescentes se les manifiesta la rebeldía en los peinados.

Sin embargo, tanta segmentación no implica una actitud discriminatoria. Su consigna abre las puertas a quien quiera acercarse a su tendencia, más aún si proviene de la tierra del Che, de Zapata o de alguno de los rostros que pueblan allí las consignas y las remeras.

ATREVERSE A ENTRAR AL KÖPI

Es una de las casas tomadas más grandes e imponentes a la vista. Está ubicada en la Köpeniker Straße -de ahí su nombre-, entre los barrios de Mitte y Kreuzberg, y se caracteriza por una inscripción en una de las paredes laterales, casualmente la del lado izquierdo, donde dice: „La frontera no corre entre los pueblos, sino entre arriba y abajo“ („Die Grenze verläuft nicht zwischen den Volkern sondern zwischen oben und unten“). Una vez que uno tuvo la oportunidad de observar la fachada de la casa, no tendrá nada de que asombrarse al entrar. En el bar y en general en todo el edificio, reina el desarreglo. Es muy posible que uno se sienta bien vestido con sus peores atuendos. Aún así, es más probable que uno mire mal a los habitués, aque ellos lo miren mal a uno. La indiferencia no reina, pero bien le gustaría.

Si el visitante sabe algo de alemán, inmediatamente sentirá que de poco le sirve, debido a que en el lugar circula una jerga bastante particular, reservada a los locales. Al oírla se puede comprender que una puerta abierta, algunas veces no significa nada; que todavía quedan muchas puertas por abrir.

En el Köpi también hay ciclos de cine, que se proyectan en una sala semi oculta, a la que se accede por una puerta situada en el interior del bar. Una moderna cartelera anuncia el programa en el exterior de la casa.

Como puede suponerse, la olla popular es, en este lugar, bastante popular, aunque su precio es de DM5, al igual que en el resto. También cuenta con el atractivo del metegol que en Alemania, es bueno saberlo, no se considera una fuente de lucro.

DISCO Y CONFORT EN LA FREUDE HAUS

Que esa casa haya sido tomada o no alguna vez da realmente igual. No hay muchos signos de ello. Alguna huella en la pintura, pero ninguna consigna. No sale bronca por sus ventanas. Sólo en el bar los domingos, cuando termina la novela que reúne a todos los residentes por media hora, comienzan a desfilar los platos de una olla popular bastante poco popular: omelettes de champiñones, especialidades de verduras y pimienta y otras delicias que desconocen el hervor de una olla.

Otro dato interesante, resabio de un pasado de lucha y banderas rojas, es la oferta ocasional de cerveza rusa, de la que uno puede enterarse por la pizarra ubicada junto a la barra, hacia el lado derecho. La sala es un espacio chico y poco iluminado, bordeada de sillones destinados a los comensales y a sus perros, más cuatro o cinco mesas bajas. Es un lugar a donde nadie va a hacer por uno lo que uno no haga por sí mismo: reservar la comida con tiempo para que no se acabe, averiguar si ya le sirvieron el plato, y hasta saludar al llegar y al retirarse. Es una casa de „artistas“ y ése es un título que en Berlín se reserva un lugar muy especial en la jerarquía de ocupaciones posibles. En esta casa, el arte debe ser entendido en un sentido pequeño-burgués. Allí no cenan obreros ni lúmpenes. Sólo son bienvenidos, aunque no muy abiertamente, los amigos de los habitantes del lugar. Esto resulta paradójico si se piensa que Freude Haus significa „casa de la alegría“. De todos modos, vale la pena visitarla para poder apreciar comparativamente la serie que conforma junto con las otras casas tomadas.

INFO:

¿CÓMO LLEGAR?
Desde otros lugares de Berlín, en transporte público:
Al Bandito Rosso, en Lottumstraße 10ª, y a la Freude Haus, en Lottumstraße 10B:
Líneas de U-Bahn: U2, Rosa Lulemburgo/Senefelder Platz; U8 Rosenthaler Platz.
Tram: líneas 4, 6 y 8, por Torstraße y Schönhauser Allee; líneas 13 y 53, por
Weinbergs weg. Bus: línea 140, Torstraße y Schönhauser Allee.
Al Köpi, en Köpeniker Straße:
Líneas de U-Bahn: U8, Heinrich – Heine Straße. Bus: línea 265, por Köpeniker
Straße y 140, por Engeldamm.

Quelle:

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